La presentación profundizó en cómo diferentes trabajadores en Perú vivieron episodios de hostilidad laboral, desde actos de humillación sutil hasta represalias encubiertas por ejercer sus derechos. A través de relatos y análisis, se visibilizó cómo estas conductas minaron la salud mental, el desempeño y el sentido de seguridad de las personas afectadas.
Se explicó qué elementos configuraban una situación de hostilidad: trato desigual, amenazas veladas, cambios arbitrarios de funciones o aislamiento intencional. Muchos de los testimonios coincidieron en que la normalización de estas conductas dentro de ciertas organizaciones hizo más difícil identificarlas a tiempo. Sin embargo, una vez reconocidas, las personas buscaron recursos internos como áreas de Recursos Humanos, así como asesoría de SUNAFIL o intervención de abogados laborales.
El contenido también mostró que no todas las hostilidades fueron directas: algunas se manifestaron como sobrecarga de tareas o falta deliberada de comunicación. Frente a esto, se ofrecieron alternativas de acción legal, rutas de conciliación y estrategias personales para conservar la dignidad y proteger el empleo mientras se resolvían los conflictos.
Uno de los mensajes centrales fue que denunciar o documentar no significó debilidad, sino un acto de preservación de derechos. Esta mirada permitió comprender que la hostilidad no era un “mal menor”, sino un riesgo laboral real con consecuencias psicosociales importantes.